Esta entrada temática del catálogo explora la evolución paralela del mobiliario y la moda desde el siglo XVI al XIX, reflejando los cambios en las normas sociales y los estilos de vida. Contrasta la rígida austeridad de la corte española con la creciente comodidad e intimidad buscadas por la burguesía en épocas posteriores.
La transformación de la vestimenta y el mobiliario a lo largo de los siglos, especialmente entre los siglos XVI y XIX, está intrínsecamente ligada a la evolución de las formas de vida, pasando de las rigideces de una sociedad de clases al deseo burgués de confort.
El 'estilo español' en el vestir se consolidó en las cortes europeas a partir de la segunda mitad del siglo XVI, estableciendo un modelo físico y social caracterizado por la austeridad y la rigidez. Esta época, marcada por la adopción de prendas como el guardainfante y la lechuguilla, vio a la nobleza y la realeza habitar palacios con un mobiliario mínimo, priorizando la gravedad y el rigor sobre el confort, y dedicando un espacio principal a la representación de la majestad y el honor.
Con la Ilustración, surgió una nueva forma de vivir, liderada por Francia e Inglaterra. Junto a los salones de recepción, cobraron importancia los espacios íntimos, donde la etiqueta solemne dio paso a la convivencia. Los tejidos se aligeraron y la vestimenta permitió mayor libertad de movimiento, acentuando progresivamente la silueta natural. Con esta indumentaria más relajada, aristócratas y burgueses pudieron adoptar posturas casuales en divanes y sillones de elegantes gabinetes, donde empezaron a tomar forma elementos del comedor, el salón y el tocador modernos.